
Si tienes la suerte de tener que viajar por el norte de Italia, no dudes en hacer una parada en la bella ciudad de Parma. Es una ciudad pequeña que típicamente queda fuera de los circuitos turísticos, y quizá por eso se puede pasear con tranquilidad y vivir el espíritu de la zona sin aglomeraciones y sin sentirse oveja.
Por otro lado, como ellos mismos dicen, Parma es la capital mundial de la comida. Yo no diría tanto, aunque bien es cierto que allí se asientan grandes empresas como Barilla y Parmalat, y es el origen de grandes delicias como el Parmesano, el jamón de Parma, los tortellis rellenos de calabaza y un delicioso Lambrusco que nada tiene que ver con ese clarete con gas que sirven en la mayoría de los italianos de nuestro país. Desde el 2003 es, además, sede de la European Food Safety Authority. Algo tendrá el agua cuando la bendicen.
Visitando Parma

Dentro de los típicos sitios de visita, no debería nadie perderse el espectacular Baptisterio hexagonal y la Catedral, ambos en una plaza muy tranquila sin comercios, que por lanoche invita a la serenidad. Para los que les gusten visitan menos clásicas, recomendaría muy fervientemente la Casa del Sonido, un museo dedicado al sonido grabado, con antiguos discos de pizarra, radios del siglo pasado y una moderna habitación blanca para experimentación sonora.
Comiendo en Parma
Si Parma es bonita para visitar, es increíble para comer. Como ya he indicado, en ella podemos encontrar muy buenos manjares, como el espectacular Parmesano Regiano (recomiendo comprarlo en alguna pequeña quesería), multitudes de pastas al huevo, jamón curado y un curioso lambrusco, mucho más fuerte de lo que podríamos esperar.

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